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sábado, 13 de febrero de 2010

Eneatipo Ocho
 

Eneatipo Ocho: el cabecilla, el líder, el jefe, el mediador

Centro: Instintivo

 

Pasión: Lujuria

Fijación: Venganza

Mecanismo de defensa: Negación (especialmente del dolor)

Visión de sí mismo: “Yo puedo”

Estructura de temor (lo que evita): Debilidad

Estructura de deseo: Sentirse fuerte y salvador

Trampa o justificación: Justicia

Virtud: Inocencia

Otros descriptores: Actitud castigadora, rebeldía, dominación, insensibilidad, embaucamiento, cinismo, narcisismo, autonomía, predominio sensomotor, intimidación, afición al riesgo.

 Personas que necesitan ser fuertes y prevalecer sobre las circunstancias. Estando sanos a menudo son poderosos, protectores y comprometidos con una causa. Degradados pueden ser destructivos, desmedidos y sádicos.Pueden haber vivido una infancia combativa, donde los fuertes eran respetados y los débiles no. Pueden haber sido castigados con dureza y por eso crecieron con la idea de que eran causa de dificultad para su familia. Aprendieron a protegerse llegando a desarrollar una exquisita sensibilidad para las intenciones negativas de los demás. Se ven a sí mismos como protectores; como escudo de sus amigos y de los inocentes, mientras luchan contra condiciones injustas.El amor, generalmente, se expresa a través de la protección y no mediante manifestaciones de ternura.

El asunto central es el control. Prefieren ocupar una posición de mando, ejercer poder sobre la situación y mantener el control de la misma.

 El poder suele ser verificado, presionando los puntos más vulnerables de las personas y observando sus reacciones. El Ocho considera que la verdad siempre surge durante una disputa.La sólida coraza de un Ocho protege el corazón de un niño dependiente, prematuramente expuesto a circunstancias adversas. Los Ocho desconfían profundamente de las imágenes ambiguas, los mensajes ambivalentes, ya que su visión del mundo parte de la premisa de que los fuertes triunfan y los débiles fracasan.

Son embaucadores y manipuladores. Buscan el reto. Poseen un gran sentido de la justicia y una gran sensibilidad para la injusticia. Se sienten viviendo en un mundo hostil e injusto para con ellos. Ante cualquier cosa o palabra que ellos experimentan como injusta, su reacción inmediata, instintiva – incluso antes de que pueda intervenir la razón – es vengativa o de represalia.

Ellos no experimentan esta reacción como vengativa, sino como respuesta justa a la injusticia que acaban de sufrir. “La mejor defensa es un buen ataque” define la actitud de la personalidad Ocho.

 La venganza del Eneatipo Ocho es más bien una venganza a largo plazo, en la que el individuo se toma la justicia por su mano en respuesta al dolor, la humillación y la impotencia que sintió en su primera infancia. Es como si quisiera cambiar los papeles en el mundo, y después de haber sufrido frustración o humillación para placer de otros, hubiera determinado que ahora es su turno de obtener placer, aunque eso conlleve dolor para otros. Viven a la defensiva, siempre preparados para el contraataque.

Poseen una sensibilidad especial para detectar el engaño, la falsedad, lo fingido. Ante esto se sienten compulsivamente impulsados a desenmascarar y demoler. Así sienten que están haciendo justicia, dando a cada cual “su merecido”.

 Suelen mostrar una fuerte oposición a la autoridad, así como un menosprecio de los valores impuestos por la educación tradicional. En virtud de ello, ser “malo” se convierte en la forma adecuada de ser.Suelen ser personas muy fuertes y de gran energía. Cuando se sienten negativos con ellos mismos, pueden ser peligrosos por su tendencia al autocastigo, que es otra forma de hacer justicia con ellos mismos.Se sienten poderosos. Para ellos, la fuerza y el poder es lo que cuenta. Son personas infatigables. Para ellos la solución de todos los conflictos y problemas reside en el poder. Pueden llegar a ser intimidadores.

Responden bien a los retos y dificultades. Parece que cuanto más difícil se pone la cosa, el Ocho tiene aún más fuerza.

 Sienten pasión por los extremos, por el exceso y la intensidad. La moderación les parece algo de débiles; todo lo hacen intensamente: el deporte, el trabajar, el divertirse…Por dentro se sienten aburridos. Esto se debe a que reprimen algo muy suyo, pero que lo mantienen muy enterrado y escondido en su interior: una gran ternura y una gran sensibilidad, que reprimen por considerar síntomas de debilidad.Son personas crónicamente insatisfechas que desean y buscan constantemente hallar satisfacción; de ahí su pasión por el exceso y por la actividad. Huyen de la ternura, reprimiendo la expresión de su aspecto más vulnerable y sensible para mostrar ante los demás su “caparazón” de fuerte, duro, poderoso e invencible.

Sienten una dificultad especial en el acercamiento a los demás, en mostrarles afecto y cariño, pues estas expresiones de afecto también son interpretadas como debilidad.

 Utiliza la negación como mecanismo de defensa. Es curioso comprobar la frecuencia y la rapidez con que un Ocho dice “NO”. Consiste en negar todo lo que ellos consideran su debilidad, que no es tal debilidad, como hemos visto, sino ternura y sensibilidad.Aunque detectan fácilmente cuándo otros les engañan, niegan que también ellos mismos sean capaces de engañar.Desperdicia energía castigándose a sí mismo y a los demás. Se castiga a sí mismo cuando experimenta su propia impotencia, haciendo aún más penoso tal descubrimiento. Y castiga a los demás impacientándose cuando éstos no responden a sus expectativas.En la comunicación con los demás, le gusta desenmascarar al otro, detectar sus incoherencias y hacérselas saber. Llega a ser exageradamente sincero y directo, no andándose con rodeos. Va al grano. Puede llegar a ser rudo, vulgar y hasta grosero y agresivo en sus expresiones. Es desmitificador. “Caiga quien caiga” a él le trae sin cuidado.

Su deseo más profundo es fiarse de sí mismo, ya que desconfía de todos, incluso de sí. Su temor más profundo es someterse a otros.

 Para evolucionar, el Ocho deberá aprender a observar como las discusiones son utilizadas como forma de desarrollar la confianza; solicitar el establecimiento de un conjunto definido de reglas en la relación o en la terapia, al tiempo que reconocer el deseo de romper las reglas, una vez que han sido establecidas; percibir cuando exista el deseo de controlar o de crear dificultades, como una forma de distinguir quién es amigo y quién es enemigo; dejar que sean los demás los que inicien la acción; darse cuenta de que el sentimiento de aburrimiento es una máscara que oculta otras emociones; notar que los sentimientos reales generalmente comienzan a surgir con la depresión. Redefinir la depresión como un indicio de progreso; intentar desviar la atención del estilo “mi manera contra la tuya” hasta reconocer los múltiples matices de opinión intermedios; aprender a contar hasta diez antes de expresar la ira; reconocer el hábito de considerar que la causa de los problemas es ajena, en lugar de aceptar la participación propia; reconocer cuán difícil es admitir haberse equivocado.  

 

Modificado el ( lunes, 15 de febrero de 2010 )
 
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